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Ahora dicen que Papel Prensa contamina
12 de mayo, 2008

La presidenta Cristina hizo una revelación notable, que por esas cosas del periodismo y los intereses, no salió publicada en prácticamente ningún diario de alcance nacional, excepto Crítica de la Argentina, que bajo la batuta de Jorge Lanata hizo pie en la batalla entre el gobierno y Clarín a través de la denuncia sobre la contaminación de Papel Prensa en San Pedro. La presidenta, justamente, reconoció que una empresa de la que el Estado tiene un porcentaje no menor (28 por ciento de las acciones) además de una participación destacada en su directorio, contamina.
La presidenta realizó esa confesión casi autoincriminatoria (el gobierno que ella preside es responsable de, al menos, pecado de omisión ante la contaminación que provoca una empresa de la que el Estado detenta un tercio de las acciones) alrededor de la novedosa disputa que la enfrenta con el multimedios Clarín.
Llamó la atención ese acto de contrición ecológica, porque la semana pasada dimos a conocer un comunicado oficial de Papel Prensa en el que el directorio de la empresa, dirigiéndose principalmente a la población de San Pedro y sus alrededores, afirma una y otra vez que no contamina. No se conoce por cierto que los miembros del Estado en ese directorio (el jefe de gabinete Alberto Fernández y Mauricio Mazzón, hijo del secretario privado de la presidencia) se hayan resistido a difundir semejante falsedad, de acuerdo con la visión de la presidenta Cristina. No sólo eso, sino que una versión que circuló en los pasillos de la Casa de Gobierno señaló que el propio Alberto Fernández se enteró de ese comunicado (en el que Papel Prensa atribuye a una operación mediática toda información que indique que la planta contamina) por un periodista que lo llamó para consultarlo.
Todo indica, entonces, que admitir la contaminación de Papel Prensa debe ser, en verdad, leído como una acusación al grupo Clarín. Precisamente, el gran diario argentino se permitió la publicación de la revelación presidencial sólo en su versión punto com, quizás porque allí tiene –por ahora- controles menos rigurosos que en su versión papel (digresión: probablemente por cuestiones como ésta es que está en marcha la fusión de ambas redacciones, de modo que lo que sea el mismo periodista el que escriba en papel y en la versión digital de último momento). Allí, Clarín sólo interpretó que la alocución de la presidenta fue apenas una respuesta a las críticas contra la secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, por su pobre papel en el combate a los incendios del delta, y en consecuencia, una nueva agresión a la prensa libre.
Pero la presidenta cometió una serie de inexactitudes, probablemente porque lo que la motivaba no era la defensa del medio ambiente agredido por Papel Prensa, sino su reciente pelea con Clarín.
La primera inexactitud es la de asegurar que Picolotti le exigió una inversión de diez millones de dólares a Papel Prensa para detener la contaminación. Salvo en los corrillos surgidos después de las denuncias (la mayoría probadas) de Clarín contra Picolotti el año pasado, no hay ningún documento que pueda mostrar la Secretaría de Medio Ambiente en relación a esa exigencia de inversión. Más aún, hay en marcha una negociación con Papel Prensa en el marco del Programa de Reconversión de la Industria de la Celulosa y el Papel, como con varias otras empresas del sector. Con algunas de ellas se ha firmado ya el convenio que incorpora los compromisos de inversión de la empresa y con otras –como Papel Prensa- el acuerdo está en período de avance, tal como lo informa la página web de la Secretaría de Medio Ambiente. Pero si fuera como dice la presidenta, y hubiera algo de conexión entre Picolotti y los representantes del Estado en el directorio de Papel Prensa (el actual, de hecho es el jefe de gabinete Alberto Fernández, el superior de la secretaria de Medio Ambiente) sería muy sencillo hallar los documentos presentados ante los demás accionistas de la empresa en los que se reclama y se fundamenta esa inversión. De lo contrario, también se le puede pedir al kirchnerista Dante Dovena, antecesor de Alberto Fernández en el directorio de Papel Prensa, quien seguramente debe tener la documentación que atestigua acerca de la vocación anticontaminante del Estado en la empresa que comparte con Clarín y la Nación.
Otra inexactitud de la presidenta fue la de indicar que hubo una clausura de Papel Prensa. Nada más alejado de la realidad. Tanto, que la página web de la Secretaría de Medio Ambiente y su oficina de prensa, que informan de todas y cada una de las clausuras que determina el comando anticontaminante de Picolotti, jamás informaron de otra cosa que una extraordinaria confraternidad respecto de Papel Prensa. Más todavía: las dos únicas informaciones oficiales sobre Papel Prensa difundidas por los funcionarios que tiene a cargo Picolotti fueron una “visita a la planta” efectuada en mayo de 207 en la que se confirmaba que la empresa estaba dispuesta a mejorar su situación en relación a la (mala) calidad de sus efluentes y la planilla en la que se comenta el grado de avance de las negociaciones de las firmas que integran el plan de reconversión industrial. Una última prueba: si la presidenta tuviera razón y hubiera habido una clausura y un pedido de inversión de diez millones de dólares además de una confirmación de la contaminación, ¿por qué la página web de la Secretaría de Medio Ambiente, en la que el proselitismo es casi una marca indeleble, no registra ninguna de esas realidades y, es más, ni siquiera se ocupa del tema?
Caben pocas dudas que a partir del conflicto público con Clarín, el gobierno se ha subido a una cruzada que no le pertenecía. En verdad, el tema de la contaminación de Papel Prensa sobre el río Baradero se instala a partir de un allanamiento ordenado por el fiscal Patricio Murray, al que Picolotti no le presta ninguna colaboración. Tampoco se la presta el juez federal Carlos Villafuerte Russo, que espera y esperará todo el tiempo que pueda hasta determinar si avanza o no con esta causa contra una empresa que contamina como la inmensa mayoría de las que están operando en el país y da trabajo a 400 familias.
En la investigación de Murray se pidió el análisis de muestras de agua al Instituto Nacional del Agua (INA). Los resultados estuvieron guardados bajo siete llaves y, en cierto modo, ante el tremendo silencio de los medios nacionales (incluyendo al hiperoficialista Página 12 y a la agencia oficial Télam), siguen siendo un secreto.
El semanario La Opinión de San Pedro informó, en exclusiva, los resultados de las muestras analizadas por el INA, confirmando –ahora sí- lo sostenido por la presidenta.
Este medio, el único que se atrevió a perforar el cerco del silencio instalado por Papel Prensa en San Pedro a golpe de billetera, dice que “del informe firmado por el Ingeniero Sanitario Oscar Emilio Llanos (Mat 1982), se desprende que además de los resultados, el INA da precisiones con respecto a los lugares en los que se recogieron las muestras”.
“En sus páginas 17 y 18, el INA precisa que de las cuatro muestras recogidas, dos de ellas, las M1 y M3, se habrían tomado en el canal de descarga de efluentes de la empresa, que comunica con el Riacho Baradero. Las restantes, las M2 y M4, se habrían tomado aguas arriba y aguas abajo, respectivamente, del punto de descarga de efluentes de Papel Prensa, o dicho de otra manera, antes y después de que el río reciba los desechos”. Según consta en el informe, la muestra número uno, es decir una de las tomadas sobre el canal de descarga de efluentes, “presentó valores de DBO5 y DQO superiores a los fijados en la Resolución 336/03 de la Autoridad de Agua de la Provincia de Buenos Aires”. Por otra parte, la comparación entre el agua “antes y después” de recibir el “aporte” de Papel Prensa, es categórica: “Hay un aporte mensurable de materia orgánica del efluente, a las aguas del Río Baradero”
Ese aporte se comprueba a partir de la diferencia entre los valores de dos indicadores clave tomados antes y después del desagote de Papel Prensa. Esos indicadores son la demanda biológica de oxígeno (DBO), que aparece multiplicada por tres después de que el río recibe los desagües de Papel Prensa, y la demanda química de oxígeno que se duplica. Ambos miden el grado de contaminación con materia orgánica, el principal componente en los efluentes industriales de una planta que fabrica papel a partir de pulpa de celulosa. Según el medio sanpedrino, “Papel Prensa, no impugnó ninguna de las pericias realizadas hasta ahora, pero sí solicitó que se realicen nuevamente”.

 
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