 |
| |
 |
| Récord de hectáreas de soja: ¿y la buena noticia? |
| 18 de febrero, 2008 |
|
Muchas veces la gente a la que le importa el medio ambiente se interroga respecto de la responsabilidad de los medios en la difusión de este asunto. Una de las respuestas que suele esbozarse es la siguiente: muchos diarios sostienen un discurso proclive a la protección del medio ambiente porque es políticamente correcto, en las páginas no “decisivas”, al tiempo que en las secciones donde se juega la ideología del medio se trasluce su verdadero pensamiento.
La tapa de La Nación del día sábado 16 fue un claro ejemplo de esta dualidad, o mejor dicho de esta posición muchas veces hipócrita de los grandes diarios. El título principal de La Nación fue “Récord: la soja ya ocupa la mitad de la tierra sembrada”.
Indudablemente, haberlo destacado de ese modo como título principal del diario indica una valoración positiva, una buena noticia, de acuerdo con la ponderación del matutino de los Mitre. La información indicaba que respecto de la campaña agrícola anterior, la superficie sembrada con soja creció un cuatro por ciento y que alcanzó las casi 17 millones de hectáreas, es decir un cincuenta por ciento de lo que el país destina a tierras cultivables. Vale decir que el diario, alegre por la condición favorable al concentrado agro argentino que esto significa, no se toma el trabajo de señalar cuántas de esas hectáreas se han incorporado por el proceso de deforestación espantosamente agresiva que se ha desatado a partir del crecimiento de la cotización internacional de esta oleaginosa. Efectivamente, las cerca de 300.000 hectáreas de desmonte anual que se incorporaron en los últimos cinco años a la agricultura (lo que también constituye un récord, pero por lo oprobioso y negligente respecto de los recursos naturales) fueron a parar directamente y prácticamente en su totalidad a la soja.
Obviamente, y volviendo al comienzo de este punto, La Nación fue uno de los diarios que editorializó a favor de la ley de bosques, justamente demandada por los ambientalistas y los expertos para detener el avance obsceno de la frontera agropecuaria a partir de la obtención de valor de mercado de tierras que antes no tenían ningún propósito rural. Lo que no hace La Nación, como prácticamente ningún medio de los que siempre aparecen apoyando al campo, como si fuera un costado por antonomasia benigno en el desarrollo de un país bajo cualquier régimen de explotación, es vincular una cosa con la otra. O, mejor dicho, lo que hace es ocultar la relación directa que existe entre esa “gran noticia” (el nuevo récord en la superficie sembrada con soja) y la destrucción de los bosques nativos que todos dicen proteger aunque parece que de modo que no perjudique las ganancias del campo.
Lo que sí hace el periodista que escribe la nota que tanto destaca el hecho de que se haya alcanzado la mitad de la superficie agrícola sembrada con soja, es abrir el paraguas respecto de las críticas que este cultivo conlleva de parte de los especialistas y que, hasta ahora, eran prolijamente silenciadas por aquellos que defienden sin restricciones a los representados por la Sociedad Rural. "En una gran superficie la soja es un monocultivo, no lo podemos negar", reconoció Rodolfo Rossi, presidente de la Asociación de la Cadena de la Soja (AcSoja). El empresario advirtió que en una amplia zona no se están tomando las medidas adecuadas para conservar la calidad del suelo, dado que la soja es un cultivo altamente extractor de nutrientes.
La explicación de semejante descuido del capital suelo es, como siempre, económica, y la brinda la misma nota: la inversión para sembrar una hectárea de soja es de alrededor de 180 dólares, mientras que cualquier otro cultivo es entre 30 y 50 por ciento superiores. ¿Qué es lo que hace entonces que un cultivo altamente destructor del suelo “se lleve” el cincuenta por ciento de la superficie sembrada, dentro de la cual indudablemente hay enormes extensiones vulnerables y no aptas para una planta de este tipo? Muy simple: la ausencia del Estado, que con la finalidad de recaudar, permite el monopolio Monsanto, que vende todo el paquete de siembra directa para soja transgénica, y niega todo tipo de planificación de zonas y cultivos.
|
|
| |
|
|
|
 |
| |
| |
No se han encontrado comentarios para esta noticia.
|
| |
|
|