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| Inédito fallo ambiental de la justicia correntina |
| 18 de diciembre, 2007 |
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Forestal Andina es una empresa muy particular. En primer lugar, ni se dedica a la madera ni tiene su origen en la cordillera de los Andes. En segundo lugar, la dirige desde una oscura oficina en el centro comercial de San Isidro un gerente de Roemmers quien dice que esa inversión no tiene que ver con el laboratorio de los controvertidos hermanos ex menemistas y devenidos en kirchneristas o en lo que haga falta. Sin embrgo, para apretar a funcionarios, jueces y periodistas, quien levanta el teléfono no habla en nombre de Forestal Andina, sino en nombre de Roemmers. En tercer lugar, ese gerente de Roemmers, llamado Eduardo Machiavello, encabezó una inversión dificil de justificar de más de un millón y medio de dólares en un campo en los Esteros del Iberá, a donde se dispone a hacer ganadería. Rápidamente demostró su vocación por el avasallamiento: echó a los pobladores del legendario paraje Yahaveré y les alambró sus parcelas obligándolos a trabajar para su empresa. Pero además, decidió que podía disponer de la naturaleza a su antojo y levantó un inmenso terraplén (que hoy tiene 24 kilómetros de extensión), que funciona como un dique que altera de modo espantosamente negativo el frágil ecosistema de los Esteros: obviamente siendo que ese campo está dentro de una reserva natural, con estatuts similar a un parque nacional. nada podría hacerse que altere el ambienet y menos sin un estudio de impacto ambiental previo.
Forestal Andina, no obstante, lo hizo.
Alzó un kilómetro de terraplén hace un año y medio. Un poblador de Yahaveré le inició una demanda y la justicia correntina declaró una medida cautelar. Para los amigos de Roemmers no fue importante: no sólo no acataron la medida cautelar sino que en medio año le agregaron diez kilómetros al terraplén de cinco metros de ancho por tres de alto.
A fines de 2006, la justicia correntina dictó un fallo que ordenaba demoler el terraplén. Los amigos de Roemmers -que dicho sea de paso se constituyeron en grandes mecenas de la Fundación Vida Silvestre, de la que recibieron hace un mes un premio a su trayectoria ecológica- no consideraron que la decisión judicial tuviera pertinencia: no sólo no demolieron sino que continuaron hasta los 24 kilómetros que hoy ostenta.
Ahora, el Superior Tribunal de Justicia de Corrientes refrendó lo actuado por las instancias inferiores de la justicia provincial y ordenó una vez más tirar abajo el terraplén. Los amigos de Roemmers, con la supina caradurez de los hechos consumados, argumentaron que provocaría más el daño la demolición que dejarlo como está. La respuesta de la Corte correntina fue impecable: "El sistema jurídico no puede tolerar que quien desoiga un mandato judicial pueda resultar a la postre beneficiado por dicha conducta, que por demás importaría la comisión de un delito".
Y agrega el Tribunal que "si así razonáramos dejaríamos prácticamente en manos del agente dañoso la tutela del medio ambiente, y siempre convendría litigar sobre la base de los hechos consumados, con el argumento que retrotraer las cosas implicarían un mayor daño".
¿Qué harán los amigos de Roemmers? Difícil de saber, aunque conociendo sus contactos y su modo de proceder en éste y en casos anteriores, es sencillo intuir que intentarán llevarse todo por delante. Menos el terraplén.
Para más datos sobre esta historia, se puede acceder al fallo completo en http://www.theconservationlandtrust.org/descargas/Jurisprudencia_Terraplen_10.pdf
También se puede leer el capítulo "Nos tapó el agua", en el libro "El medio ambiente no le importa a nadie" de mi autoría.
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