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Era obvio: no habrá ley de bosques
07 de noviembre, 2007
El 17 de octubre nos preguntamos si el anuncio conjunto de la Secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, y el jefe de los senadores oficialistas, Miguel Angel Pichetto, de prometer la aprobación de la ley de bosques para después de las elecciones, sería compromiso o campaña electoral. La respuesta ya se conocer: era campaña y se anunció ante la presumible erósión de votos que podía provocar, principalmente en la clase media urbana, el casi millón y medio de firmas de ciudadanos que le exigían a los senadores que hicieran su trabajo y votaran la ley que tenía media sanción de diputados, con el fin de ponerle algún paliativo al marasmo de los desmontes.
Lo interesante es que cuando Pichetto y Picolotti se sentaron en el Senado y en una conferencia de prensa doce días antes de que se ungiera presidente a Cristina prometieron la sanción de la ley de bosques, los senadores de las provincias feudales donde se tala hasta las plazas guardaron el más rotundo silencio. Tal como habían hecho cuando el gobierno envió a sesiones extraordinarias de Diputados la votación en particular de la ley, se callaron la boca, les hicieron creer a todos que habían sido derrotados por los anuncios de los jefes de bloque y cuando hubo que votar salieron a repeler cualquier intento de detener la barbarie de las topadoras. Es que hay que entender que el negocio es estruendoso: tierras largamente postergadas, que por su marginación conservaron en su superficie bosques altamente valiosos e irrecuperables desde el punto de vista natural, de pronto, con el advenimiento de la soja o de las pasturas para la ganadería expulsada de la pampa húmeda, adquirieron valor de mercado. En general, eran tierras fiscales, por lo que darles un valor, ponerles un precio y lotearlas a favor de los amigos de los poderes provinciales es un negocio tremebundo.
Ayer por la tarde, tal como se había anunciado con bombos y platillos, se esperaba el tratamiento de la ley de bosques. Desde la noche anterior, los barones del norte (de todos los partidos, pues en estos intereses están untados desde los senadores filokirchnerisras del gobernador de Salta hasta los lavagnistas que responden a Gerardo Morales pasando por los kirchneristas de paladar negro como el misionero Carlos Rovira) empezaron a ronronear que la cosa no iba a resultar tan sencilla como para conseguir los dos tercios necesarios para la votación, requisito indispensable ya que como forma de dilatarlo los legisladores hicieron aparecer decenas de proyectos alternativos y simultáneamente hicieron pasar al que tiene media sanción por tantas comisiones que nunca saldría de allí indemne.
El rumor semioficial es que se tomarán una semana más para debatir acerca de las compensaciones que la ley debería proveer a las provincias por la "pérdida" de ingresos que implica no devastar un bosque para plantar soja.
La versión más creíble indica que los senadores por Salta, Jujuy, Santiago del Estero, Misiones, Chaco y Formosa se abroquelaron para voltear la declaración de una moratoria de desmontes que propone la ley como instancia imprescindible para la realización de un estudio de ordenamiento territorial. Lógicamente, si eso ocurría, la ley se transformaba en un elemento apenas testimonial y completamente ineficaz, pues al día siguiente se seguirían autorizando alegremente los dsmontes que se degluten 300.000 hectáreas de bosques nativos por año.
Por supuesto, nadie dio una sola explicación oficial y simplemente el tema no se trató. Y seguramente no se va a tratar. A los senadores parece no importarles que un millón y medio de personas le hayan exigido que traten esa ley. O, lo que es peor, probablemente crean que ellos tienen una sabiduría superior a la de los mortales y, por eso mismo, pueden hacer caso omiso -y sin sentir ninguna culpa- a sus demandas.
 
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