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| Otra vez se incinera Europa |
| 31 de julio, 2007 |
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Si se mira el mapa climático de Europa no resulta sorprendente que en la agenda del recientemente asumido primer ministro británico Gordon Brown y su colega estadounidense George W. Bush hubiera un tema excluyente, además del obvio de la crisis en Irak: el calentamiento global. Es que una vez más, como viene ocurriendo en los últimos cinco años (desde que en 2003 hubiera quince mil muertos en Francia y Bélgica por la ola de calor), el verano europeo se convierte en una trampa mortal.
Las cadenas de noticas de Europa no dan abasto para registrar las miles de hectáreas que se queman como pajonales en las áreas rurales o boscosas. Cuatro mil focos en Bulgaria, mil ochocientos en el sur de Italia, miles de evacuados en Canarias, decenas de miles de hectáreas devoradas por el fuego en Portugal. Todo configura el panorama desolador del calor arrasador que abruma a Europa, con nuevos récords de altísimas temperaturas.
En consonancia, como otra cara de la misma moneda, Inglaterra padece las peores inundaciones de los últimos sesenta años. A tal punto, que Oxford está bajo el agua y los ganaderos aprietan a los políticos responsabilizándolos por la falta de previsión respecto de las consecuencias del fenómeno.
El dato es que la población europea no acepta amablemente la explicación de que se trata de fenómenos climáticos inesperados y fuera de registro. Más bien, prevalece la convicción -avalada por la ciencia- de que se trata de las consecuencias vigentes del cambio climático y que la clase política sigue evitando tomar medidas drásticas (baja de la emisión de gases, entre las más urgente) para detenerlo. |
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